• Juliano Peña

Notas del Heroísmo: Manifiesto para un Aristócrata

Actualizado: 29 dic 2021

“La tradición no es la adoración de las cenizas, sino la preservación del fuego.”

- Gustav Mahler

En nuestro contexto político, existe una actitud repugnante que se presenta como benéfica. Un veneno que seca el fruto y convierte tóxico lo que queda de la cosecha. Nos convierte pasivo donde debemos ser activos, nos convierte en víctimas, convierte derrotas temporeras en castigos eternos, humillaciones que se supone que sean corregidas quedan eternamente talladas en nuestra memoria colectiva, en nuestro espíritu colectivo, no como cicatrices curadas que le demuestran al mundo cuanto hemos luchado, sino como heridas abiertas que nos continúan a infectar. Hablo de la tendencia a romantizar nuestras derrotas y exponerlas ante el mundo de forma victimizante. “Miren cuan mal nos han tratado, miren como nos han abusado, como nos han escupido, como nos han matado”. Esto es lo que proclaman todos los grupos políticos, todos quieren una llamada “igualdad” y le proclaman a sus victimarios esta igualdad. Hoy les digo, esto nunca pasará. La historia nos enseña que cada tribu tiene que luchar por lo que quiere, luchar y conquistar por el beneficio suyo.

Estos grupos, los llamados estadistas, estado-libristas, e independentistas, te hablarán de las masacres perpetradas por los Estados Unidos contra nuestro pueblo. Algunos te lo contarán para convencer a las masas que tenemos que tolerar estos abusos porque nuestro llamado victimario nos protegerá de abusos aún mayores, otros te lo contaran para que cualquier espectador nos tenga pena y que nos venga a rescatar, algo que nunca pasara. Te contarán de nuestras derrotas pero nunca te hablarán de cuando le hicimos justicia a nuestros enemigos. No te hablaran como páramos el avance estadounidense en la Batalla de Asomante, donde puertorriqueños, viviendo en trincheras y subsistiendo de raciones de esclavo, derrotaron a los tropas americanos y forzaron una retirada para después ser traicionado por el gobierno peninsular en España. No te hablaran como nuestros soldados lucharon en expediciones para conquistar a las Islas Vírgenes y aunque no conquistaron las islas solo tuvieron un muerto, mientras que el enemigo sufrió 50. No te dirán de nuestras milicias que expulsaron expediciones foráneas de corsarios holandeses e ingleses, de como expulsamos a los alemanes de Vieques. No expondrán a nuestros mártires como valientes héroes que sacrificaron la vida en los altares de la patria en Lares y en Jayuya, en Arecibo y Mayagüez, y hasta en el corazón del imperio en Washington D.C., los exponen como víctimas de la violencia del imperio.

Estos títeres del imperio, conscientes o inconscientes, proponen una mansedumbre ante el virus del liberalismo, consciente, o inconscientemente. Proponen dejar el destino de nuestro pueblo en manos foráneas. Entre los peores traidores quieren la extinción de nuestro pueblo y de su sangre a través de la asimilación a una cultura globalizada, caracterizada por el materialismo, la iniquidad y el mercantilismo pecaminoso. Entre los ignorantes ciegos por intenciones buenas están los que quieren “separarse de los Estados Unidos para unirse al mundo”, olvidando las realidades geopolíticas y las esferas de influencia. Propongo que agarremos la rienda de nuestro destino y cabalguemos el tigre de la modernidad.

Nuestro pueblo es uno inherentemente heroico, noble. Aunque entre nosotros existen traicioneros y cobardes como lo existen en cualquier lado, nuestra raza es una aristocrática, llena de valentía y fuerza. Es evidente en el nombre de nuestros ancestros, los taínos; el cual significa noble. Estos lucharon una guerra eterna contra los caribes por la existencia de su pueblo y luego se rebelaron en contra del yugo español bajo el mandato divino de Agueybana II . Es evidente en las acciones de nuestros ancestros europeos, nacidos de sepa aria (ario significando noble), los cuales en su misión de abrirle el corazón al mundo para que aceptara lo que ellos interpretaron como el amor de Dios, establecieron una civilización e imperio cuyo esplendor brillará eternamente a través de la historia. Es evidente en la existencia de nuestros ancestros africanos, su existencia siendo definida por la resistencia y por la lucha contra sus esclavizantes.

El heroísmo está en nuestra sangre. Esta es la definición máxima de un aristócrata, aquellos que por su sangre heroica no tienen otra opción que no sea ser héroes. Un aristócrata no es aquel que tiene la máxima riqueza, eso sería la burguesía. La aristocracia es algo espiritual, algo interno, algo racial. La aristocracia es cabalgar hacia la batalla a pesar del miedo terrenal, el cual es ahogado en un mar de valentía. La aristocracia es vivir en virtud en un mundo que cada día se descompone. La aristocracia es vivir con una imagen de dignidad, de gracia, de valentía y de elegancia y cuidar de está, sacrificando sus bienes y a veces su vida para mantener esta imagen. Nuestro maestro, y digo maestro en el contexto espiritual, académico y político, Don Pedro Albizu Campos, el cual nos guarda eternamente desde el cielo, ascendió de una casta pobre a ser la figura eminente del heroísmo en nuestro contexto. Mediante sus virtudes y su credo catolico, logró convertirse en un caballero, como aquellos guerreros de la antigua Europa medieval que pararon los avances sarracenos en Tours y protegieron la fe en Jerusalén. Nos demostró que no importa nuestras derrotas, nuestra inherente nobleza sobrevive a cualquier ataque material, ridiculiza la barbarie material ante nuestro heroísmo espiritual. El estadounidense decayó por su materialismo y lucha por imponer estos anti-valores en donde conquista. Nuestra grandeza se nutre de nuestra espiritualidad, mientras más nos alejamos del orden tradicional más trágica se vuelve nuestra realidad. Don Pedro consideraba como primordial lo divino y moral, evidenciado por sus discursos donde hace mención de la bendición del cristianismo en vez de rechazarlo como algo impuesto a nuestro costo como pueblo. Venera nuestras tradiciones vivas y expone que mediante ellas encontraremos el ascenso. “Nuestra Patria está en plena guerra sin defenderse, sólo un resurgimiento de la moral colectiva puede salvarla.”

En estos tiempos inciertos, es común sentirse solo y perdido. Es fácil aceptar la derrota y abandonar nuestro destino noble y adoptar el nihilismo y el hedonismo, pero nuestro deber es ascender hacia lo divino. Es nuestro destino mirar hacia el futuro usando el fuego de la tradición como luz para iluminar el camino. Cada miembro individual de nuestro pueblo tiene un deber hacia nosotros y nosotros hacia ellos. Nacemos con diferentes dones y virtudes, vivimos diferentes experiencias cuales nutren nuestra conciencia y forma de ser. Reprochar este hecho sería reprochar el potencial de cada individuo.El nacionalista es un ser creado por amor a lo suyo, no por el odio a lo ageno. Toda acción tomada por este al final será por amor a lo que defiende. Cada acto creativo lo llevará a cabo teniendo en mente descendientes que nunca conocerá en persona, cada acto violento lo hará sin odio en el corazón, sino con deber en su alma.

Cada acción, cada pensamiento, cada intención será pura y dedicada a la ascendencia de nuestro pueblo. En fin, el camino está ahí y siempre lo estará, no importa cuantas veces nos tropecemos; queda en ti decidir cumplir con tu deber e inmortalizarse eternamente en nuestra historia, o decaer y abandonar tu sangre heroica.

La Juventud Nacional surge como la necesidad de organización para una juventud en búsqueda de lo auténtico del fuego de nuestros ancestros que han tratado de confundir y corromper. Buscamos el ascenso de nuestro pueblo a través del estudio y el trabajo. El valor y el sacrificio será lo que dirigirá nuestra generación hacía lo eterno.



-Juliano Peña





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