• Héctor González

Neoliberalismo en Puerto Rico, un dios Falso

El liberalismo se debe entender como una filosofía política que defiende la libertad individual, la iniciativa privada y limita la intervención del Estado y de los poderes públicos en la vida social, económica y cultural. Su contraparte, el neoliberalismo, es una política económica con énfasis tecnocrático y macroeconómico que se opone al intervencionismo estatal en materia social o en la economía y defiende el libre mercado capitalista que supuestamente garantiza el equilibrio institucional y el crecimiento económico de un país.

Como ideología, el neoliberalismo denota una concepción de la libertad como valor social primordial asociada a la reducción de las funciones del Estado a las de un Estado mínimo. Como política pública, implica la privatización de sectores o servicios económicos públicos, la desregulación de las empresas privadas, la fuerte disminución de la deuda pública y la reducción del gasto en obras públicas. Este término se popularizó a finales de la Guerra Fría para describir las reformas de austeridad implementadas por ciertos gobiernos en el “mundo libre”. Estos incluyen Margaret Thatcher en el Reino Unido, Ronald Reagan en EEUU, y, el más infame de todos, el General Augusto Pinochet en Chile. El giro hacia las políticas neoliberales en Chile empezó con los Chicago Boys, un selecto grupo de estudiantes chilenos que, a partir de 1955, realizaron estudios de postgrado en economía en la Universidad de Chicago bajo Milton Friedman, el llamado Padre del Neoliberalismo. Los Chicago Boys gozaron de una importante influencia política dentro de la dictadura militar y llevaron a cabo una amplia reforma económica. En contraste con la amplia nacionalización y los programas económicos de planificación centralizada apoyados por Salvador Allende, los Chicago Boys llevaron a cabo una rápida y amplia privatización de las empresas estatales, la desregulación y una importante reducción de las barreras comerciales durante la segunda mitad de la década de los 70. Esto culminó en dos recesiones económicas y casi la mitad de la población viviendo en condiciones de pobreza extrema.

El neoliberalismo surge como una respuesta al capitalismo socialdemócrata que floreció en el periodo posguerra de 1945 en adelante. Este modelo, denominado en algunos casos “economía social de mercado'', tuvo gran éxito en EEUU y fue promovido en Europa Occidental como una alternativa viable al socialismo de estado del Bloque Sovietico y en Asia Oriental (Corea del Sur y Japón). Se puede considerar como la base económica del autodenominado “Primer Mundo” y su desarrollo socioeconómico. Es modelado en gran parte en el keynesianismo, la teoría económica que fomenta la intervención del Estado a través de la política económica, para estimular la demanda y fomentar el consumo.

El keynesianismo surgió en occidente a finales del siglo XIX, con el objetivo de estimular la demanda para salir de la crisis cíclica del capitalismo. La teoría fue planteada por John Maynard Keynes en su obra Teoría general del empleo, el interés y el dinero, publicada en 1936, a raíz de la Gran Depresión, y en esta analizó todos los factores de producción que integran la economía de un país, como inversión, el consumo, la demanda, el ahorro y el gasto público.

Este fenómeno tomó forma en Puerto Rico con la creación del Estado Libre Asociado en 1952. Trajo un ambicioso programa de modernización estatal y económica a través de una serie de proyectos federales conocidos colectivamente como “Operación Manos a la Obra”. Estos cambios rápidos y drásticos en el progreso tecnológico y crecimiento económico transformaron profundamente la sociedad puertorriqueña en todas las esferas. La creación de un estado de bienestar generoso, proyectos de infraestructura, y el estándar de vida más alto de Hispanoamérica son alabados como grandes logros de este periodo. Lo que también cabe mencionar es la decadencia de los valores tradicionales, la irresponsabilidad financiera a nivel personal, la destrucción de cualquier noción de autosuficiencia, la corrupción institucional del bipartidismo, y la migración hacia EEUU por parte de millones de puertorriqueños en búsqueda de oportunidades laborales. El Instituto de Estadísticas de Puerto Rico señala que desde el 2010 la población disminuyó en 6,8 %, lo cual implica más de 250.000 personas. Esta misma institución calcula que en 2024 la Isla será habitada por menos de 3 millones de puertorriqueños, su punto más bajo desde el 2006 cuando la población se aproximaba a los 4 millones. Mientras más personas abandonan Puerto Rico, muchos de ellos profesionales, se agrava la situación, ya que se reduce la base fiscal de la isla, de la cual depende el gobierno para sobrevivir.

Para lidiar con la crisis económica, todas las administraciones gubernamentales han utilizado una serie de medidas económicas de corte neoliberal, entre las que se encuentran el aumento del costo de una serie de bienes y servicios ofrecidos por el estado, nuevos impuestos y el aumento de otros ya vigentes, el despido de empleados públicos, y la congelación de puestos de trabajo en el gobierno. Contrario a las predicciones de supuestos expertos, el índice de actividad económica ha sido negativo durante la última década. En 2016, el presidente Barack Obama, convirtió en ley el proyecto del Senado 2328 titulado “Puerto Rico Oversight, Management, and Economic Stability Act”, mejor conocida como “Promesa”. Mediante este estatuto se estableció la Junta de Supervisión Fiscal para Puerto Rico, cuyos miembros fueron nombrados por el Presidente y por el Congreso estadounidense. La Junta cuenta con poderes casi dictatoriales cuyo supuesto fin es estabilizar las finanzas de Puerto Rico y lograr acuerdos con sus acreedores para el pago de las deudas y lograr su reincorporación a los mercados internacionales. Este organismo del Gobierno estadounidense ha promovido medidas neoliberales que en vez de ayudar exacerban la depresión económica que vive Puerto Rico desde 2006.

Entre estas medidas se encuentran la reducción del gasto público, el cierre de escuelas públicas, el aumento del costo de la matrícula en las universidades públicas, la reducción de beneficios a los retirados, la reducción del salario mínimo, y el recorte de puestos de trabajo en el sector gubernamental. El costo de la electricidad, que es más alto en Puerto Rico que en casi todos los 50 estados, ha aumentado un 50%, a pesar del deterioro del servicio. En junio, LUMA Energy, una empresa privada con un contrato de 15 años, se hizo cargo del sistema de transmisión eléctrica de la isla de manos de la autoridad gubernamental, que es la parte del sistema eléctrico más dañada por el huracán María. Luma espera gastar 3.850 millones de dólares para renovar el sistema de transmisión y distribución. El Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero estimó que las disposiciones del contrato de LUMA aumentarán las tarifas de los servicios públicos en la isla hasta 30 centavos de dólar por kilovatio hora, más del doble de la cantidad media que pagan los clientes en el territorio continental de EEUU. LUMA ha solicitado aumentar el costo de la electricidad en varias ocasiones para ayudar a compensar los costes incurridos durante su transición, a pesar de que el gobierno puertorriqueño paga a la empresa una cuota fija anual de 115 millones de dólares.

La falta de un modelo económico viable en el país, que permita la generación de empleos y la autosuficiencia económica, ha desenmascarado la supuesta prosperidad que prometió el Estado Libre Asociado. Según el estudio “La pobreza en Puerto Rico: estadísticas, políticas públicas e impacto en la vida de los ciudadanos, una mirada desde la Doctrina Social de la Iglesia”, publicado en 2013 por la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico (PUCPR), la isla tiene un mayor nivel de desigualdad económica, medida en términos de la distribución de ingresos que cualquier estado de EEUU. El estudio también mostró que más de la mitad de los niños del país vive en un núcleo familiar considerado como pobre; el 49.5 % de éstos vive en un núcleo familiar en el que se depende de alguna ayuda federal tales como el Seguro Social Suplementario, la Asistencia Social, o ayuda del Programa de Asistencia Nutricional.

En síntesis, Puerto Rico representa un ejemplo tanto del fracaso del neoliberalismo y la dependencia económica como de la importancia de tomar decisiones basadas en materia de política económica y soberana. En particular, se nota el cuidado que deben tener los estados a la hora de implementar medidas de austeridad como mecanismos para frenar las crisis fiscales. A medida que el neoliberalismo se ha desarrollado, a medida que su lógica interna se ha hecho más evidente y sus contradicciones se han manifestado, ha generado un estado verdaderamente trágico. Una doctrina socioeconómica que fue lanzada, supuestamente, para ampliar la libertad y la prosperidad económica, en la práctica genera desigualdad económica, fomenta la degeneración material y espiritual, y socava la libertad tanto del individuo como el colectivo.



-Héctor González



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