• Héctor González

Medio Oriente, Un Siglo de Crisis

El 16 de mayo de 1916 un diputado conservador británico, Mark Sykes, firmó un acuerdo secreto con el diplomático francés François Georges-Picot en el cual se repartieron los territorios del moribundo Imperio Otomano en Asia Occidental, conocido mejor como Medio Oriente. Este acuerdo dividía los territorios en varias zonas de control directo e indirecto basado en una serie de intereses financieros y geopolíticos de ambas naciones.

Poca consideración se dio a las diferentes culturas, etnias, y religiones que poblaban esta tierra. Esta gente, en su gran mayoría arabe y de fe islámica, comparten un legado milenario a través de su identidad cultural y religiosa. Unidos por varios califatos e imperios por miles de años, de repente fueron sometidos a un tipo de balcanización arbitraria sin su consentimiento. Su hogar, lo que ellos llamaban Bilad al-Sham, o el Levante, se convirtió en los estados de Siria, Irak, Líbano, Palestina, y Jordania. La parte sur de la Península Arábiga sería dividida entre los diferentes señores de guerra y líderes tribales que colaboraron con el Imperio Britanico en su campaña contra los Otomanos. Esta humillación creó un gran resentimiento por parte de los árabes hacia el Occidente que se puede ver al día de hoy. Estos estados artificiales, muchos cuyas fronteras son líneas imaginarias en el desierto, han sido víctimas de esta arrogancia imperial. La inestabilidad política, la represión por parte del estado, las intervenciones militares, y la dependencia del petróleo nacen de esta decisión.

Otro componente muy importante para este tema es la Declaracion de Balfour de 1917. Esto fue una manifestación formal pública del gobierno británico a finales de la Primera Guerra Mundial, anunciando su apoyo al establecimiento de un hogar nacional para el pueblo judío en la región de Palestina, que en ese entonces formaba parte del Imperio Otomano. La Declaración fue incluida en una carta firmada por el ministro de Relaciones Exteriores británico Arthur James Balfour y dirigida al barón Lionel Walter Rothschild. Esta declaración provee la base para la inmigracion judía hacia Palestina con el fin de establecer Eretz Yisrael, o la tierra de Israel, un concepto popularizado por el creciente movimiento sionista de aquel tiempo. Estos colonos establecieron sus propias comunidades autónomas dentro de Palestina, lentamente desplazando a la población nativa con métodos coercitivos. Cuando los británicos pararon este flujo migratorio para tratar de calmar la situación, los colonos sionistas formaron sus propias milicias y eventualmente declararon una insurgencia en contra del Imperio Britanico. Estas milicias cometieron varios actos de terrorismo para lograr sus metas. Entre sus filas se encontraban varios futuros líderes del Estado de Israel, y eventualmente se convirtieron en las Fuerzas de Defensa de Israel.

Estas humillaciones, junto con la derrota militar a Israel en 1948, alimentaron el gran deseo de una nación árabe independiente que había sido negado 30 años antes. De aquí nacen movimientos nacionalistas en los dos pilares del mundo arabe, Siria y Egipto, que dominarán la política de la región por los próximos 50 años. Michel Aflaq, un intelectual sirio, sería el principal ideólogo de este nuevo movimiento, denominado el Baaz, renacimiento en arabe. Aflaq afirmó que el imperialismo occidental y el sionismo eran los mayores impedimentos para la unidad panárabe. Rechazaba al capitalismo tanto como al comunismo, abogando por un socialismo arabe no marxista como el único camino para el desarrollo viable de la patria arabe. Aunque el mismo era un cristiano, reconoció el importante rol cultural del islam dentro del contexto arabe. Su contraparte egipcio, Gamal Abdel Nasser, un coronel y veterano de la guerra de 1948, compartía estos ideales y lanzó un golpe militar en 1952 que derrocó a la corrupta monarquía pro-occidental. Siria y Egipto se unieron formalmente en 1958 bajo la República Arabe Unida, que eventualmente colapsaría 3 años después dado a diferencias entre ambos movimientos. El Baaz también se apoderó de Irak en 1963, manteniendo el poder hasta la invasión americana en el 2003. Siria continúa con el Partido Baaz en el poder al día de hoy, aunque ya ha cambiado significativamente de sus metas originales. Este fenómeno no fue limitado solo a 3 países, con revueltas nacionalistas en Argelia en 1954 en contra de Francia, en Yemen en 1962 en contra de Gran Bretaña, en Omán en 1963 en contra de la monarquía, en Palestina en 1964, en Libia en 1969, y en el Sahara en 1975. La derrota de la coalición arabe en la Guerra de Seis Días en junio de 1967 marcó el descenso del nacionalismo arabe como fuerza política en la región. La muerte de Nasser en 1970, considerado por muchos árabes como su mejor líder en la historia moderna, y las concesiones de su sucesor, Anwar Sadat, a Israel, eliminó cualquier potencial de liderazgo regional para el país de los faraones.

El descenso del nacionalismo arabe en el Medio Oriente dio camino para el islamismo como una alternativa viable. Estos grupos habían colaborado con los servicios de inteligencia de EEUU y Gran Bretaña para desestabilizar la región y derrocar gobiernos nacionalistas como Siria o Egipto por varios años. Billones de dólares en armamento, apoyo logístico y propaganda fueron invertidos por las monarquías del golfo en estos grupos con el fin de avanzar su agenda geopolítica. Esto se puede ver también con los talibanes de Afganistán hoy en día, hijos de los muyahidines y fanáticos religiosos, muchos de ellos árabes, financiados por EEUU durante la guerra afgano-soviética.

El acuerdo Sykes-Picot también es responsable, aunque de manera indirecta, por la creación de la República de Turquía. Nacido de las ruinas del Imperio Otomano, la República de Turquía debe su existencia a un hombre respetado alrededor del mundo por su genio militar y su liderazgo astuto, Mustafa Kemal Atatürk, el Padre de los turcos. Famoso por su victoria en Gallipoli en 1915, Ataturk contundentemente rechazó el intento aliado de eliminar cualquier estado soberano en la Anatolia posguerra con el Tratado de Sevres. Se rebeló en contra del gobierno capitulado otomano y lideró sus fuerzas a la victoria en la Guerra de Independencia Turca de 1919 a 1923, convirtiéndose en Presidente de la nueva república.

Atatürk implementó un modelo de gobierno europeo adaptado a la cultura turca, reconfigurando el papel del Islam para adaptarse a una república laica. También acabó con el feudalismo otomano y redistribuyó la tierra a los campesinos. Tal vez su decreto más significativo fue la abolición del califato, una institución milenaria responsable por gobernar el mundo islamico y sus asuntos. Esta decisión también dejó al mundo islamico sin un liderazgo claro, aunque Arabia Saudita y recientemente el Presidente Erdogan de Turquía compiten por llenar el vacío.

El tratado de Lausanne, que estableció las fronteras modernas de Turquía, junto con el acuerdo Sykes-Picot, sembró las raíces del conflicto Kurdo, un grupo etnico de más de 40 millones de personas dividido entre Turquía, Siria, Irak, e Irán. Esto ha llevado a varias insurgencias, golpes de estado, intervenciones militares, crisis de refugiados, e inestabilidad en general para la región por el último siglo. Un tema de misma importancia que rara vez es reconocido es el de los cristianos de Anatolia. Armenios, asirios, y griegos principalmente, al igual que los árabes, estos habitantes milenarios de la región fueron prometidos sus propios territorios autónomos y en algunos casos sus propios países si colaboraban con las potencias occidentales. Esta fue otra de las muchísimas promesas rotas por Gran Bretaña y Francia, los supuestos “defensores” de la Cristiandad en el Oriente. Estos grupos han sido forzados a emigrar a Grecia, Armenia, Siria, Irak, y Líbano para sobrevivir el genocidio a mano de los Otomanos y la limpieza etnica por parte de los nacionalistas turcos en su guerra de independencia. También se debe reconocer su desplazamiento en tiempos recientes dado a la inestabilidad causada por la Guerra en Irak del 2003, cuya población cristiana ha disminuido de 1 millón a menos de la mitad, y en Siria, en donde casi 1 millón de 3 millones de cristianos se han convertido en refugiados.

Al día de hoy el Medio Oriente continúa siendo la región más inestable del mundo. La “guerra en contra del terrorismo” no es nada mas que otro intento de dominación y explotación sobre esta region rica en recursos naturales y posicionamiento geopolitico. Las potencias occidentales usan a estos grupos terroristas como una excusa conveniente para disfrazar sus intenciones, y en muchos casos los han apoyado cuando sus intereses coinciden. Solo la creación de un frente unido que constituya una fuerte barrera contra las ambiciones extranjeras, y que lleve a los países árabes a situarse a un lado frente a los intentos de colonización y dominación ofrece algún tipo de esperanza para el futuro. También facilitará el intercambio comercial, industrial y agrícola, la cooperación científica y el desarrollo conjunto para servir a los pueblos árabes y ayudarse mutuamente a liberarse, construir y avanzar en todos los campos. Fomentar esta cooperación no es solo una cuestión política o moral, sino una de supervivencia. El desarrollo de la patria arabe no vendrá copiando modelos extranjeros ni vendiendo su soberanía en nombre de la “protección”. Desde la Juventud Nacional nos solidarizamos con aquellos grupos que defienden estos principios, sea la Resistencia Verde en Libia, el SSNP en el Levante, o los varios grupos de corte nacionalista árabe en la región.


-Héctor González

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