• León Irizarry

La misión histórica de Puerto Rico: reflexión sobre la cosmovisión albizuista


Por: Antonio Campos Bascarán


“Puerto Rico tiene que jugar su papel en la historia y tiene que ser libre para poder mirar de frente a la posteridad.”[1]

“Puerto Rico es la tumba del liberalismo norteamericano.”[2]

El pensamiento del Maestro Don Pedro Albizu Campos es admirado y respetado, pero no bien comprendido cuando se mal entienden sus bases espirituales y culturales. Afortunadamente, los artículos publicados en La Nación durante el pasado año contribuyen a exponer mejor el pensamiento albizuista. Las bases espirituales se cubrieron en Catolicismo y albizuismo y las culturales en Apología por la Hispanidad. Podría decirse que el catolicismo y el sentido de hispanidad forman como dos pilares que sostienen el albizuismo. Ambos contribuyen a la visión del mundo del Maestro, por lo cual podría ser conveniente estudiar una cosmovisión católica y sus implicaciones para el orden social como se hizo en El pensamiento político-económico católico de Julio Meinvielle y contrastarla con el liberalismo dominante actual, ajeno a los países hispanos, como puede hacerse leyendo La naturaleza anti-puertorriqueña del liberalismo. Las ideas presentadas en estos últimos dos artículos no reflejarán necesariamente las ideas de Albizu Campos en cada aspecto, pero sí pueden ayudar a entender mejor por qué decía las cosas que decía y asumía posturas políticas determinadas y a entender lo que podría ser, al menos en algunos aspectos, la conclusión lógica de las bases de su forma de pensar.

Un aspecto intrigante del albizuismo es la referencia a una “misión histórica” de Puerto Rico, aludida en el segundo de los artículos listados. Debería motivar varias preguntas. ¿Qué misión histórica? ¿Cómo sabe que hay una misión histórica? ¿Por qué la independencia es necesaria para cumplir dicha misión histórica? El objetivo del presente artículo será intentar explicar los orígenes de la noción de misión histórica en Albizu Campos y discernir cuál era para él la misión histórica de Puerto Rico. Trataremos lo mejor posible de fortalecer nuestra exposición aludiendo directamente a las palabras del Maestro, pero advertimos que como Albizu Campos no abundó sobre este concepto lo suficiente en sus escritos y discursos (al menos, en los que hemos consultado) debemos recurrir a otras fuentes que lo expongan de manera más clara que él. También debemos contextualizar el momento histórico en el que ese pensamiento se da y, no solo eso, si no también enmarcarlo en un contexto más allá de la historia nacional y material de nuestra Isla: un contexto global y espiritual. Podría ser conveniente además, para facilitar la reflexión sobre el asunto, valerse de la imaginación para ponderar distintas posibilidades si esto dirige al lector a comprender la importancia que para Albizu Campos implicaba el cumplimiento de la misión histórica a través de la independencia.

El origen del concepto de misión histórica en Albizu Campos parece ser su cosmovisión católica. La idea de que las llamadas naciones, así como las personas, tienen una misión que Dios les ha reservado es común entre los intelectuales católicos que reflexionan sobre la significación de la idea de patria en el catolicismo. Marie de la Sagesse Sequeiros, autora de un informativo libro sobre Santa Juana de Arco, dedica la conclusión de su libro a abundar sobre el concepto de la misión histórica de las naciones. Explica que las naciones o los gobiernos sirven el plan divino de salvación a través de sus respectivas misiones históricas. Las naciones, como las personas, son libres para decidir cumplir su misión, pero su incumplimiento traerá consecuencias graves: las naciones tendrán que rendir cuentas en el Día del Juicio por su fidelidad o infidelidad a sus vocaciones.[3]

Queda así demostrado que el concepto de la misión histórica de las naciones está presente dentro de una cosmovisión católica. No pretendemos con esta exposición, y con el análisis de todo este ensayo, hacer una difusión autoritativa de las enseñanzas de la Iglesia Católica en materia de fe y moral (que para estudiarse se debería recurrir a fuentes autorizadas por la Iglesia), sino conectar las ideas de otros católicos con las de Albizu Campos que también era católico y reflexionar sobre las mismas.

Establecido ya el origen de la noción de misión histórica en una cosmovisión católica, ¿cuál vendría a ser la misión histórica de Puerto Rico para el Maestro? El Maestro identificó indirectamente la misión histórica de Puerto Rico como la defensa de la civilización cristiana y católica en el Caribe, como hacen constar sus propias palabras: “las Antillas llevaron el peso de la defensa de la civilización ibero-americana en el Nuevo Mundo y lo llevan todavía”[4]. Es Puerto Rico parte de las Antillas y la base espiritual de lo que llama Albizu la “civilización ibero-americana” es el catolicismo. Como admite sobre la llamada raza hispana: “nos distinguimos… por nuestro sentido católico de civilización”[5]. Se discierne entonces que Puerto Rico, siendo una nación católica, debe ser primero fiel a su fe y continuar llevando a cabo esta misión.

No es esta opinión un mero invento del Maestro, sino que responde en cierta manera a la realidad histórica. Es Puerto Rico, como país hispanoamericano, digno hijo de la Madre Patria España, nación que bajo el liderato de su Monarquía Católica se dedicó a la defensa de la Iglesia Católica contra sus enemigos islámicos y protestantes en el Viejo y Nuevo Mundo. Julio Meinvielle, sacerdote argentino consciente del sentido católico de la historia, describe a España como “el brazo derecho de la misma Cristiandad en las luchas por la defensa de la fe y en el ardor por llevar la fe hasta el extremo de la tierra (10)” en su ensayo ¿Qué saldrá de la España que sangra?. La Iglesia, reconoce Meinvielle (quien en su análisis fortalece sus razones citando a otros pensadores católicos), dio a España con la religión católica su unidad espiritual y Puerto Rico, fundado por españoles que se mezclaron con los indígenas y los esclavos africanos que importaron, debe de esta forma su existencia a la Iglesia que ayudó a crear a España y que estuvo presente también con la llegada de los españoles a Puerto Rico para la cristianización de los nativos.

Puerto Rico hereda así la misión de su madre española. Bajo la Monarquía Española, participó Puerto Rico en las luchas contra los enemigos de la cristiandad católica. La Isla resistió varios ataques o invasiones de los protestantes ingleses, los rivales más grandes de la España católica. Los eventos más conocidos ocurrieron en 1595 (el ataque de Francis Drake), 1598 (la invasión de George Clifford) y en 1797 (la invasión de Ralph Abercromby y Henry Harvey). También resistió heroicamente un ataque en 1625 de los protestantes holandeses liderados por Balduino Enrico, que luchaban por salirse del dominio de la Monarquía Católica Española.

España, sin embargo, no siempre fue fiel a su misión. Como reconoce Meinvielle, sus reyes se corrompieron y comenzaron a implementar medidas absolutistas que aumentaban el poder de la monarquía pero que disminuían la influencia de la Iglesia Católica. La decadencia fue empeorando además mientras se iban colando las ideas liberales contrarias a las enseñanzas de la Iglesia. Esta situación, en el contexto de la invasión napoleónica en el siglo XIX, llevó a la fragmentación del Imperio Español tras las guerras hispanoamericanas de independencia.

Estas ideas decadentes llegaron también a Puerto Rico. Surgió una élite puertorriqueña que hizo del liberalismo su proyecto político. Algunos liberales confiaban en la capacidad de España para implementar la agenda liberal, mientras que otros deseaban separar a Puerto Rico de España para hacerlo. Esperaban lograrlo tornando a Puerto Rico en una república independiente (como se trató durante el Grito de Lares en 1868) o anexando a Puerto Rico al país liberal por excelencia: los Estados Unidos de América.

La invasión estadounidense de Puerto Rico en 1898 demostró la crisis causada por el liberalismo en el país: algunos liberales colaboraron activamente con el invasor y, pese a la resistencia de los soldados españoles y puertorriqueños, la débil España fue derrotada y obligada a ceder a Puerto Rico.[6] La élite liberal reformista, siendo incapaz de resistir, confió en que EE.UU. preservaría el liberalismo en Puerto Rico y acabó aceptando su dominio, como suele reconocerse en varios libros de historia. La resignación, debida en nuestra opinión a la influencia liberal y a las demás limitaciones del momento, condenó a la nación puertorriqueña a ser una posesión territorial de EE.UU., comúnmente llamada colonia.

Las nuevas autoridades impusieron con mayor fuerza el liberalismo en el país. Promovieron las religiones protestantes para facilitar la asimilación y la aceptación de los valores liberales estadounidenses. El país, como comúnmente reconocen los académicos e intelectuales, fue sometido a una dura explotación económica que mantenía en la pobreza a gran parte de la población. La nacionalidad puertorriqueña, ante la guerra cultural agresiva contra su carácter hispano, estaba en peligro de desaparecer.[7]

La situación en el resto de Hispanoamérica era preocupante. Las nuevas naciones independizadas en el siglo XIX acabaron dividiéndose más y más y fueron presa fácil para el expansionismo estadounidense. Los estadounidenses emprendieron su expansión por Norteamérica desde la consolidación de su independencia. Servía la expansión intereses estratégicos y comerciales o económicos, pero era justificada invocando una misión histórica de difundir los valores protestantes y liberales de la nueva nación. Víctima del proceso fue México, que perdió la parte norte de su territorio tras una guerra en el siglo XIX. La Guerra Hispano-estadounidense, durante la cual se invadió Puerto Rico, ocurrió en este contexto expansionista. Las intervenciones militares en Centroamérica y el Caribe aumentaron durante las primeras décadas del siglo XX: fueron casos notables la ocupación de Panamá (para la construcción de un canal estratégico), de la República Dominicana, de Haití, y de Nicaragua.

Los países hispanoamericanos se sentían amenazados por el poderío de EE.UU. Albizu Campos, quien presenció los peores efectos del dominio liberal de EE.UU. en Puerto Rico y tuvo el privilegio de viajar por América, anticipaba que EE.UU. aspiraba a imponerse en el mundo entero: “existe hace más de un siglo el imperalismo [sic]… de Estados Unidos dirigido… contra las naciones iberoamericanas, y… encaminado a imponer una hegemonía mundial yanqui”[8]. Significaría, por la naturaleza misma de los Estados Unidos, que las ideas liberales y capitalistas reinarían sin oposición sobre el mundo entero.

Esto era en la opinión del Maestro un mal que debía combatirse. El país se debía organizar para resistir a los Estados Unidos y luchar por las cuatro metas del nacionalismo puertorriqueño: 1) la independencia de Puerto Rico, 2) la Confederación Antillana, 3) la Unión Iberoamericana, y 4) la hegemonía de las naciones iberoamericanas en el Nuevo Mundo.[9] Dedicó así su vida para liberar a Puerto Rico y lograr así el cumplimiento de su misión histórica.

Consideraba que la independencia de Puerto Rico sería un paso para la eventual reunificación hispanoamericana que devolvería a los hispanos su antiguo rol de liderato en las Américas. Es por esto que su descripción de Puerto Rico como “tumba” del liberalismo estadounidense llama la atención. Aunque la misma se ofreció en el contexto de criticar la implementación del Nuevo Trato (considerado por algunos historiadores “liberal”) del presidente Roosevelt en Puerto Rico y no en el de una crítica al liberalismo clásico, nos hace reflexionar sobre cómo la retirada estadounidense de Puerto Rico mediante la independencia podría haber impedido el dominio liberal del mundo e incluso provocar un cambio profundo dentro de los Estados Unidos. Pretendía, tras conservar “nuestra civilización” en Puerto Rico, extenderla junto a las demás naciones hispanas a los Estados Unidos y que cubriese “al mundo de polo a polo y que se afirme en el planeta para siempre”[10].

Querría esto decir, entendemos, que Puerto Rico restauraría su carácter católico “civilizador” junto a sus países hermanos y que dicho proceso eventualmente culminaría en la conversión de los Estados Unidos al catolicismo y en un orden internacional fundamentado sobre principios católicos. Esto ayudaría a “devolver el equilibrio al mundo”.[11] El estatus de Puerto Rico decidiría el futuro de América, si sería dominada por EE.UU. o por Iberoamérica: si Puerto Rico podía liberarse, habría esperanza para los iberoamericanos[12]. Puerto Rico se convertía así en “campo de batalla” entre EE.UU. y los países iberoamericanos[13], donde se decidiría “si en América ha de triunfar la fuerza del derecho o el derecho de la fuerza”.[14]

La incapacidad de Puerto Rico para asumir su misión significaría en cambio la rendición ante una potencia usurpadora. Permanecería la Isla en un coloniaje que sería el “naufragio de los valores humanos más preciados: el honor, el patriotismo y el sacrificio” porque llevaría al autodesprecio y la esclavitud.[15]

La victoria de EE.UU. sobre Puerto Rico representaría la derrota de Hispanoamérica, porque quedaría bajo la hegemonía estadounidense. Advirtió el Maestro que si triunfaba EE.UU. en nuestra patria, “el espíritu de conquista yanqui no tendrá freno”[16]. El mundo entonces quedaría en desequilibrio, pues entendía que era necesaria la hegemonía hispana para, en sus palabras “devolver el equilibrio al mundo”.[17] Discernimos que este equilibrio se lograría a través del predominio de la fe católica de los pueblos hispanos, en contraste al protestantismo y liberalismo anglosajón.

Reflexionando desde el presente sobre esta cosmovisión, parecería que la opinión del Maestro fue acertada. El movimiento nacionalista ofrecía a Puerto Rico una oportunidad para redescubrir la significancia espiritual de su identidad hispánica y para implementar un programa político-económico de inspiración católica (aunque de manera imperfecta desde una perspectiva católica integrista). Era el nacionalismo la última esperanza de Puerto Rico para liberarse, pero fue más fuerte el poder de EE.UU. y se suprimió el nacionalismo.

Los límites coloniales impuestos llevaron a la nación puertorriqueña a aceptar las reformas del Partido Popular Democrático, que falsamente hizo creer al pueblo que el coloniaje acabó y que debía unirse a los EE.UU. a cambio de beneficios económicos. Puerto Rico se modernizó pero en el proceso se liberalizó todavía más. Sirvió como base de defensa del mundo liberal en vez de la civilización católica como lo fue antes. Hoy día, se nota el colapso de este modelo colonial sentado sobre bases falsas. Prevalecen los antivalores (corrupción, criminalidad, entre otros) y la economía está en crisis.

La situación en Hispanoamérica y en el mundo fue también desalentadora. No se debe culpar al colonialismo de Puerto Rico de la situación actual porque no sabemos qué habría pasado si se hubiese liberado, pero ocurrió lo que predijo Albizu Campos. Los EE.UU. consolidaron su control sobre el hemisferio y la mayoría de nuestras repúblicas hermanas divididas y carentes del sentido de sí mismas acabaron con gobiernos alineados a los EE.UU., en ocasiones tras violentas intervenciones. Acabaron estos países aceptando eventualmente los paradigmas liberales y como Puerto Rico sufren hoy las consecuencias negativas en el ámbito espiritual, político y económico.

El liberalismo estadounidense conquistó además el mundo. Primero lo hizo con su victoria en la última guerra mundial, que dividió al mundo en un campo liberal y otro marxista. Estados Unidos se volvió la única potencia mundial finalmente con su victoria sobre el campo marxista tras la Guerra Fría, sin ningún gran rival que le retara. El mundo quedó en desequilibrio con el neoliberalismo capitalista y una maquinaria bélica estadounidense capaz de forzar a los países resistentes a aceptar el nuevo orden mundial. Este orden está comenzando hoy a quebrarse y existen signos de esperanza para un mundo mejor, pero no sin antes haberse hecho mucho daño casi irreparable.

Discernir la nueva misión de Puerto Rico en este nuevo contexto es una tarea más allá de este artículo. Esta reflexión nos sirve sin embargo para demostrar el carácter trascendente de la lucha por la independencia en el pensamiento de Albizu Campos. La independencia no era solo por el bien de Puerto Rico, sino por el del mundo entero, y poseía un sentido espiritual que sobrepasaba los límites de la política moderna secular.


Notas: [1] “Discurso del “Día de la Raza”” (de 1933) recopilado en La conciencia nacional puertorriqueña (p.218) [2] La cita aparece en el libro Las llamas de la aurora de Marisa Rosado (p. 179) [3] Otro católico que ha aludido al asunto fue Ramiro de Maeztu, en su Defensa de la Hispanidad. [4] Cita del documento “La bandera de la raza”, p. 30, incluido en el libro Pedro Albizu Campos: escritos. [5] Palabras de “Concepto de Raza”, p. 26, del libro Pedro Albizu Campos: escritos. [6] Ver libro “La Guerra de 1898 y Mayagüez” de Federico Cedó Alzamora. [7] Ver ensayo “Un hito en nuestra historia” de José Enrique Ayoroa Santaliz (en Pedro Albizu Campos: Reflexiones sobre su vida y obra, pp. 93-110). [8] Citado en “Notas sobre el caso de Puerto Rico”, p. 1, en el libro Pedro Albizu Campos: escritos. [9] Ver “Discurso del “Día de la Raza””, pp. 217-218, y “La bandera de la raza”, p. 28, en sus respectivos libros mencionados en estas notas. [10] Palabras dichas en el “Discurso del “Día de la Raza””, p. 217, incluido en La conciencia nacional puertorriqueña. [11] Palabras de “Concepto de Raza”, p. 27, del libro Pedro Albizu Campos: escritos. [12] Ver “La bandera de la raza”, p. 32, donde implícitamente se alude a dicha idea. Este servidor recuerda una idea similar mencionada por Albizu Campos incluida en un artículo sobre él al cual ya no tiene acceso. [13] Pensamientos del Maestro Pedro Albizu Campos, p. 38. [14] Pensamientos del Maestro Pedro Albizu Campos, p. 2. [15]Pensamientos del Maestro Pedro Albizu Campos, p. 41-42. De acuerdo a la nota al calce de la editora, la cita parece provenir de la página 10 de un llamado “Proceso Judicial”, sin ofrecer mayor información que indique su origen en dicha nota. [16] Ver la “Entrevista de 1926”, p. 46, en La conciencia nacional puertorriqueña. [17] Palabras de “Concepto de Raza”, p. 27, del libro Pedro Albizu Campos: escritos.


Referencias principales:


Pedro Albizu Campos: Escritos (2007). Editores: Laura Albizu Campos-Meneses, Fr. Mario A. Rodríguez León, O.P. Casa editora: Publicaciones Puertorriqueñas.

La conciencia nacional puertorriqueña (1994, cuarta reimpresión). Compilación por Manuel Maldonado Denis. Casa editora: Siglo XXI Editores, S.A. de C.V.

Pensamientos del Maestro Pedro Albizu Campos (1992). Autora y editora: Elida Negrón de Rivera. Casa Editora: Editorial El Coquí Publishers, Inc.

Las llamas de la aurora. Acercamiento a una biografía de Pedro Albizu Campos (2006, cuarta reimpresión). Autora: Marisa Rosado. Editor: José Carvajal. Casa(s) editora(s): Ediciones Puerto y/o Biblioteca del Caribe.

Santa Juana de Arco: reina, virgen y mártir. Primer estudio documental en español a la luz de sus procesos (publicado en el 2018). Autora: Marie de la Sagesse Sequeiros, SJM. Casa editora: Ediciones KATEJON.

¿Qué saldrá de la España que sangra? De la justa y santa guerra de España (1937). Autor: Julio Meinvielle. Edición digitalizada.



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