• Jomar Merced

Expedición africana antes de la llegada de Colón

De las múltiples teorías que existen sobre los predecesores de Cristóbal Colón en la llegada a América, una de las más sorprendentes es la que tiene como protagonista a Abubakari II. Este rey del imperio de Malí habría partido de la costa senegalesa con una flota, atravesado el océano Atlántico y arribado al Nuevo Mundo casi dos siglos antes que el marino al servicio de Castilla. No se sabe en qué año nació Abubakari, tan sólo que lo hizo en la segunda mitad del siglo XIII, según se deduce de la fecha de su coronación en 1310 Su verdadero nombre era Bata Manding Bory y sucedía en el trono a su hermano Mohammen ibn Gao, octavo mansa del imperio de Malí. Ambos eran nietos del fundador de dicho imperio, Sundiata Keita, uno de esos personajes casi desconocidos en la historiografía pero cuya vida resulta tan jugosa como trascendente. Guarda cierto parecido con la del célebre Shaka, rey de los zulúes. A la muerte de Naré subió al trono su hijo legítimo Dankaran Touman quien, fiel a la costumbre, se dedicó a exterminar todos sus parientes para evitar que le derrocasen. Sundiata se libró por su invalidez pero tuvo que marchar al exilio.

Cuando los sossa invadieron el país mandinga, llegó el momento de Sundiata, quien milagrosamente recuperó sus fuerzas, se convirtió en un gran arquero y se puso al frente de los guerreros para rechazar la invasión. Luego dirigió a las tropas contra el rey y logró ser proclamado (rey de reyes), empezando el expansionismo que le llevó a formar un gran imperio. Grande en muchos sentidos, no sólo el militar, pues introdujo cultivos nuevos, explotó la minería de oro y desarrolló una intensa labor legislativa plasmada en la llamada Kouroukan Fouga, una especie de constitución que en 44 decretos en donde proclamaba la libertad individual, establecía una serie de derechos ciudadanos, reducía la esclavitud a los prisioneros de guerra -medida insólita en la época que se complementaba con un régimen prohibiendo su maltrato-, fomentaba el comercio, autorizaba el divorcio, promovía la solidaridad entre vecinos y protegía el entorno natural, entre otras muchas interesantes cosas.

Sundiata murió en 1255, no se sabe si ahogado en un río o de un flechazo -que pudo ser intencionado o accidental- y, según la leyenda, se reencarnó en un hipopótamo. El caso es que su nieto Abubakari, también conocido como Manda Qu, pasaría a ser mansa en 1310 y estaba llamado a ser tan importante como su abuelo, de haber tenido éxito en su aventura oceánica. Al contrario que él, su reinado fue pacífico pero tenía un gran sueño: Cruzar las aguas para ver qué había. En tiempos de Mansa Musa, que era su visir pero le sucedería en 1312 como uno de los grandes soberanos de Malí, los djelis (bardos) narraban que Abubakari II decidió averiguar esa duda geográfica organizando una gran expedición naval.

No sólo eso sino que él mismo en persona se pondría al frente. Durante meses procedió a reunir todos los recursos materiales que se pudieran considerar necesarios para colonizar nuevas tierras, que es lo que se creía que había al otro lado del océano canoas, armas, mercaderías, grano, oro, vasijas. También efectivos humanos como marineros, carpinteros, comerciantes, joyeros, alfareros, herreros, eruditos, guerreros. Al final se hicieron dos expediciones. La primera, compuesta por doscientas canoas, se puso en marcha Entre 1310 y 1311, zarpan de Mali sendas expediciones impulsadas por el rey Abubakari II y, con “una flota de grandes barcos, bien equipados de agua y de alimentos”, logran abordar la Española (Haití y República Dominicana), donde no sólo tuvieron el éxito merecido sino que alcanzaron el norte de la costa este de México y, rumbo al Sur, pasando por el Istmo de Darío (Panamá), dejaron la huella imborrable de su cultura a lo largo de la actual América Latina. Sus asentamientos proliferaron más allá de los años 1407 y 1425, lo que constituye una de las mejores pruebas de que estos fueron realmente los descendientes de los emigrantes de aquellos siglos en esas zonas. El mismo Cristóbal Colón tuvo que confirmar uno de los testimonios fundamentales de los aborígenes de ese Nuevo Mundo. Los Indios de la Española le aseguraron “que tenían trato comercial con los Negros que habían llegado ahí, provistos de lanzas puntiagudas hechas de un metal que llamaban gua-nin.” Intentando disipar cualquier duda, el prestigioso investigador nos explicita que “el término guanin debe encontrar su origen en las lenguas Mande del Oeste africano, por medio de los Mandingo, Kabunga, Toronka, Kankanka, Bambara, Mande y Vai. En Vai, tenemos la forma del vocablo ka-ni que, transcrito en fonéticas nativas, nos daría gua-nin.” Y que ojeando el diario de Colón, “el oro aparece como coa-na, mientras que gua-nin es registrado como una isla donde hay mucho oro.” En honor a la verdad, el hecho de que los Africanos descubrieran América casi dos siglos antes de Colón, demuestra con creces la falsedad de la tesis tan vulgarizada que sostenía que todos los Negros que cruzaron el Atlántico lo hicieron en condición de esclavos.

Herencia de la cultura africana en Puerto Rico

Entre ellos se incluyen numerosos vocablos aportados por África. Siendo una de ellas la Religión: el espiritismo, la santería y la brujería son casi siempre las prácticas religiosas conocidas en Puerto Rico que tienen algo que ver con el legado Áfricano. Música e instrumentos musicales: Los ritmos de la música de África influenciaron los géneros. Gastronomía introdujeron aportes a la cocina de Puerto Rico Las culturas africanas que llegaron a América y tuvieron que compartir con los nativos el nuevo continente dando como resultado un extenso abanico de elementos culturales como las lenguas criollas, tradiciones orales, religiones sincréticas, música y bailes. Es en la música, la danza y la religión donde la presencia africana se denota con mayor claridad. A través de la música hicieron permanecer sus rituales y ceremonias con sus cantos y danzas colonizaron culturalmente a toda América. Podemos mencionar un sinfín de ritmos y cadencias que todos conocemos, que son de origen africano: la bomba, la plena, el colypso, el merengue, la rumba, etc. Son tres situaciones en los que la influencia del africano es muy considerable. Quedan algunos términos y palabras africanas o criollos en estos vocabularios distintos. Los pueblos no olvidan sus alimentos familiares. Al venir los negros de America trajeron los frutos a que estaban familiarizados: la patilla o sandia; el ñame y, posiblemente, varias especies de plátanos.

Asimismo los hombres se apegan a sus ritmos musicales. Cuando el negro se vio en América, y su padecer una de sus primeras aspiraciones es la de reconstruir sus primitivos instrumentos musicales, un carrizo, una tambora, para modular con ellos una evocación de su patria perdida, y sentir el escalofrió de una alegría dormida en el recuerdo para revivir, su antigua danza, que es su manera de aceptar una diversidad de alegría y la gracia, la belleza y el amor. Heredado por nuestros ancestros.


-Jomar Merced



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