• Héctor González

Coronel Gadafi y su legado en Libia

Muamar Gadafi es sin duda una de las figuras más importantes y relevantes de los últimos 50 años. Al día de hoy es visto como un referente para los movimientos populares y soberanistas a través del sur global. Nacido en una tribu beduina en las afueras de la ciudad de Sirte, el joven Gadafi sobresalió en sus estudios en el liceo, siendo aceptado en la Universidad de Bengasi y a la edad de 21 años se graduó en Leyes. Poco tiempo después ingresó en el Colegio Militar, un lugar perfecto para desarrollar sus ideas republicanas y nacionalistas. Inspirado por su ídolo, el icónico líder egipcio Gamal Abdel Nasser, Gaddafi formó el Movimiento de Oficiales Libres con el fin de derrocar la monarquía de Idris respaldada por EEUU y Gran Bretaña.

En 1969 logra esta meta, asumiendo el poder y declarando a Libia una república. Su mandato revolucionario convirtió a Libia en el país más fuerte y desarrollado de África, gobernando de acuerdo con su propia “Tercera Teoría Internacional” que trajo orden y prosperidad a Libia. Nacionalizó la inmensa industria petrolera e implementó sistemas de participación en las ganancias similares al socialismo de mercado. Utilizando los crecientes ingresos estatales, proporcionó a la gente atención médica, educación y electricidad de forma gratuita, junto con otros generosos programas de asistencia social. La educación se hizo gratuita y obligatoria para hombres y mujeres, lo que aumentó las tasas de alfabetización del 10% al 90%. La vivienda era considerada un derecho, por lo que los recién casados recibían un bono equivalente a 50 mil dólares, para comprar una casa. También se lanzó una campaña nacional de construcción de viviendas que reemplazó los barrios marginales con estructuras sólidas y prácticamente erradicó la falta de vivienda. Los préstamos de cualquier clase tenían cero por ciento de tasa de interés, dado a que el Banco Central de Libia era una institución soberana al servicio e intereses de los ciudadanos libios. Tal vez su proyecto más ambicioso, la llamada “Octava Maravilla del Mundo”, fue la construcción de la vía fluvial más grande del mundo para conectar las ciudades del país desértico y traer agua potable para todos sus ciudadanos.

Gaddafi buscó un equilibrio entre el progreso social y el retorno a los valores tradicionales árabes y musulmanes. Adoptó un código legal basado en la Sharia y expulsó a las influencias extranjeras de Libia, pero fue una vanguardia para los derechos de las mujeres e introdujo un sistema de democracia directa, aunque en última instancia permaneció a cargo.

Desde el levantamiento respaldado por la OTAN en 2011 que resultó en su destitución y asesinato, Libia se ha sumido en el caos. El objetivo del coronel Gaddafi de que los países africanos adoptaran el dinar de oro amenazaba la hegemonía que las potencias occidentales, en particular Francia, ejercían sobre el continente. Comenzaría una intervención militar liderada por Estados Unidos y la OTAN en el país bajo el disfraz de supuestamente proteger a los manifestantes pacíficos. Esta necesidad de evitar que África se una como un bloque, a través de una moneda panafricana, para emerger potencialmente como una potencia global capaz de desafiar a las potencias occidentales se produjo a expensas del pueblo libio.

El caos que se extendió en Libia hizo que el país devastado por la guerra estuviera listo para la intervención extranjera, así como para las organizaciones yihadistas transnacionales como Al Qaeda y Daesh. Los gobiernos que posteriormente fueron establecidos y reconocidos por la comunidad internacional no tenían legitimidad, ya que el país quedó en gran parte dominado por milicias. Esta dinámica ha seguido a Libia hacia la situación actual en la que el gobierno con sede en Tobruk en el noreste de Libia está dominado por el Ejército Nacional Libio, una organización coordinadora de milicias, y el Gobierno de Acuerdo Nacional reconocido internacionalmente en el noroeste de Libia, también dominado por milicias. Se ha convertido en una guerra proxy entre varios actores regionales, con Arabia Saudita, Egipto y Emiratos Árabes Unidos en un lado, y Turquía, Catar, y la Hermandad Musulmana en el otro.

Libia representa un activo estratégico a los ojos de muchos actores extranjeros. Tiene una de las reservas de petróleo más altas del planeta, y la alta calidad del petróleo crudo resulta en menores costos de producción. La proximidad de Libia a los mercados europeos, combinada con su producción de petróleo de alta calidad, la hace rentable para las necesidades energéticas. Los ingresos petroleros y la red de riego nacionalizados de Libia durante la era de Gaddafi hicieron que Libia tuviera el nivel de vida más alto de África. La red de riego fue bombardeada por las fuerzas de la OTAN en 2011, lo que provocó la destrucción de suministros de agua que llegaron al 70% de la población, los suministros de petróleo, una vez nacionalizados, pronto fueron explotados por corporaciones multinacionales.

Hoy en día Libia es un estado fallido, otra víctima del globalismo y el imperialismo. A casi una década de su trágica muerte a manos de la OTAN, honramos al Coronel Gadafi, uno de los grandes líderes nacionalistas del mundo arabe, quien le dio frente al liberalismo e imperialismo. Solidaridad total con el Movimiento Nacional Popular Libio. Esperamos poder volver a ver a la Libia verdadera, la Libia soberana, la Libia verde.



¡Viva el pueblo de Libia!


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