• Israel Lira

Apuntes Sobre la Identidad Nacional

¿Qué es la identidad nacional? De forma muy sucinta puede decirse que es la identidad de una nación, es decir, la identidad de una comunidad cultural políticamente organizada, lo que hace que un conjunto de ciudadanos se autoperciba como miembros de una nación en particular y no de otra (p.e la identidad nacional del Perú es la Peruanidad, entendiendo a esta última como la conjunción de aspectos culturales de las múltiples etnias que conforman el Perú, de sus conocimientos, tradiciones, costumbres y folclore).

Aunque correcta representación, si así de sencillo fuese el tema, pues la columna terminaría aquí mismo y no tendríamos que decir nada más al respecto. Pero ya el lector podrá dar cuenta, que una de las categorías más espinosas que se nos presenta para el análisis, es el de la identidad. ¿Cuál es el sustrato justificativo de la identidad? ¿Qué tipos de identidad existen? ¿Qué tipo de identidad es la identidad nacional? Y lo más importante: ¿Qué es la identidad humana? Absolveremos estos cuestionamientos a través de una formulación cruzada entre sociología y filosofía.

Comenzaremos nuestras disquisiciones a través del marco brindado por el Doctor en Sociología mexicano Gilberto Giménez de la UNAM, en su ensayo «Cultura, Identidad y Memoria» (2008), y en torno a ello diremos que el sustrato, es decir, la referencia mediata de todo fenómeno identitario reposa en la cultura, entendiendo a esta última como un sistema de significados, o lo que es lo mismo, de estructuras de significación socialmente establecidas, y en el sentido brindado por el antropólogo americano Clifford Geertz y el comunicólogo inglés John B. Thompson (1998).

Así la identidad humana se nos presenta como «la idea que tenemos acerca de quiénes somos y quienes son los otros, es decir, con la representación que tenemos de nosotros mismos en relación con los demás» (Gilberto Giménez, 2008: 11). Por ende, nosotros diremos que la identidad es la idea de la autopercepción diferenciante, es un reconocerse en sí mismo, para distinguirse del entorno circundante. ¿Y qué es lo que distingue a las personas y a los grupos de otras personas y otros grupos? Se pregunta Gilberto Giménez, a lo que responde:

«...sólo puede ser: la cultura. En efecto, lo que nos distingue es la cultura que compartimos con los demás a través de nuestras pertenencias sociales, y el conjunto de rasgos culturales particularizantes que nos definen como individuos únicos, singulares e irrepetibles. En otras palabras, los materiales con los cuales construimos nuestra identidad para distinguirnos de los demás son siempre materiales culturales…De este modo queda claro en qué sentido la cultura es la fuente de la identidad» (Gilberto Giménez, 2008: 11).

De acuerdo a ello, podemos entender a la identidad individual tanto como lo individualmente único (identidad personal particular caracterizada por diferencias caracterológicas como p.e estilo de vida, relaciones íntimas o alter ego, objetos entrañables o por su biografía personal incanjeable), como lo socialmente compartido (p.e clases social, etnicidad, colectividades territorializadas –localidad, región, nación–, los grupos de edad y sexo). Al respecto: «Por tanto la identidad contiene elementos de lo socialmente compartido resultante de la pertenencia a grupos y otros colectivos y de lo individualmente único. Los primeros destacan las similitudes, en tanto que los últimos enfatizan la diferencia, pero ambos se relacionan estrechamente para constituir la identidad única, aunque multidimensional, del sujeto individual» (Gilberto Giménez, 2008: 13). También queda claro que lo socialmente compartido, es decir, las pertenencias sociales, son base, asimismo, de las identidades colectivas.

Respecto a la identidad colectiva. El mismo dixit hegeliano antes aludido nos permite inferir la quintaescencia de la naturaleza de la identidad en Hegel, en tanto el yo, categoría base del fenómeno identitario humano, se nos muestra en su doble manifestación como singular (particular), y como universal (general), en tanto «el individuo se busca y se encuentra a sí mismo en otro» (Hegel, 2010: 86). Es por ello que dentro de las categorías hegelianas, este yo como universal es tal vez la categoría más relevante en tanto que, es a través de este yo general que el individuo puede diferenciarse, como natural consecuencia del contacto con otros que no son el, precisamente. Asimismo, este yo universal, en tanto generalizado, se configura como espíritu (geist), o autoconciencia común:

«El yo, como identidad universal y particular, solo puede ser comprendido a partir de la unidad de un espíritu que engloba la identidad del yo como otro que no es idéntico con el mismo. El espíritu es la comunicación de los individuos singulares en el medio del universal» (Hegel, 1923: 177).

Este espíritu o geist, de acuerdo con Hegel (2010), es la vida ética de un pueblo en la medida en que es la verdad inmediata. Es decir, el conjunto de normas morales y sociales en un tiempo determinado. Ahora ello aplicado a una comunidad organizada se plasma en la categoría de espíritu de la nación o volkgeist:

«El espíritu de la historia es un individuo de naturaleza universal, pero determinado, esto es, una nación en general; y el espíritu que le corresponde es el espíritu de la nación. Los espíritus de las naciones se distinguen, conforme a la idea de que se hacen por sí mismos, según la superficialidad o la profundidad con la cual han comprendido o profundizado lo que es el espíritu» (Hegel, 2007: 36.)

Todo ello nos permite aseverar que la identidad nacional, desde un enfoque netamente hegeliano, estaría sustentada en la autorefencialidad del yo en el otro, base para el concepto de volkgeist como plasmación fenoménica del espíritu de la historia en tanto referencia a una comunidad o espíritu comunitario, es decir, de una sociedad en su conjunto. De acuerdo a ello, la identidad nacional se nos presenta como un re-conocerse en el otro, reconocer a alguien como miembro de una misma comunidad de fines a la que uno pertenece.

Entonces, en el caso de las identidades colectivas (en donde queda claro que la identidad nacional es un tipo de identidad colectiva), se dirá que estas son análogas a las identidades individuales: «Esto significa que ambas formas de identidad son a la vez diferentes y semejantes entre sí. Y en verdad son muy diferentes, en primer lugar porque los grupos y otras categorías colectivas carecen de autoconciencia, de carácter, de voluntad o de psicología propia, por lo que debe evitarse su personalización abusiva, es decir, la tendencia a atribuirles rasgos (principalmente psicológicos) que sólo corresponden al sujeto individual….la analogía significa que existen también semejanzas entre ambas formas de identidad. Al igual que las identidades individuales, las colectivas tiene “la capacidad de diferenciarse de su entorno, de definir sus propios límites, de situarse en el interior de un campo y de mantener en el tiempo el sentido de tal diferencia y delimitación, es decir, de tener una duración temporal” (Sciolla, 1983:14), todo ello no por si mismas –ya que no son organismos ni “individuos colectivos”– sino a través de los sujetos que la representan o administran invocando una real o supuesta delegación o representación (Bourdieu, 1984: 49)» (Gilberto Giménez, 2008: 17).

Así tenemos que mientras la memoria biográfica es el núcleo de las identidades individuales, la memoria colectiva lo es para las identidades colectivas, y en torno a ello sentencia Gilberto Giménez:

«las identidades colectivas remiten a una problemática de las raíces o de los orígenes, que viene asociada invariablemente a la idea de una memoria o de una tradición. En efecto, la memoria es el gran nutriente de la identidad (Candau, 1998:5ss), hasta tal punto de que la pérdida de memoria, es decir, el olvido, significa, lisa y llanamente, pérdida de identidad» (2008:20).

Como colofón diremos que para que la Identidad Nacional sea real y no ficta, es decir, para que el acto de re-conocerse en el otro se manifieste y sea pleno, es fundamental un acto adicional volitivo, una manifestación de voluntad. No solo basta ser peruano (plano étnico), hay que querer serlo, en palabras del antropólogo peruano Vollmar Fuenzalida:

«Es peruano no el que pertenece a una cultura o raza determinada, ni siquiera los que habitan el territorio del Perú, porque entre ellos hay quienes reniegan de su nacionalidad y tienen la mente en Miami. Son peruanos quienes quieren serlo y quienes reconocen esta como su nacionalidad. Eso es lo que unifica a un ciudadano de clase media limeña, un campesino de Huancavelica, uno de Puno o un machiguenga de la selva peruana».

Fuente: LIRA, Israel. «Columna de Opinión No. 177 del 07.08.2020». Diario La Verdad. Lima, Perú.

El escritor y licenciado Lira es el DIrector del Centro de Estudios Crisolistas en Perú, quienes desarrollan una forma de Cuarta Teoría Política a través del eje nacional peruano. Pueden aprende mas del CEC y su labor en https://centrocrisolista.wixsite.com/cecccs y su redes @centrocrisolista

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